José Luis López Bulla
Hola compañero:
Te agradezco muy de veras que hayas visitado este blog, te hayas tomado la molestia de leer mis comentarios y decidido a escribir sin recurrir al subterfugio de un seudónimo. Cuando se expresan comentarios fuertes es un deber “dar la cara” y una señal de personalidad pusilánime agazaparse tras el antifaz de un nombre más o menos jocoso. Tú has firmado con tu nombre y eso te honra.
Los elementos centrales de tu breve (aunque rotundo escrito) son: a) que te he decepcionado por organizar una plataforma de apoyo a la candidatura de José Montilla a la presidencia de la Generalitat, b) que este caballero es el exponente del “aparatismo peronista”, c) y representa los valores de “la familia, el municipio y el sindicato”, d) finalmente, tampoco es una gran sorpresa –dices mi posicionamiento-- tras la defensa que hice de la cuestión nuclear”. Creo que he resumido con precisión tu comentario: para que no hay sombra de sospecha de trasliteración por mi parte, reproduzco al final el texto íntegro de tu mensaje (1). Naturalmente, por venir de quienes vienen estas palabras (un alto dirigente sindical y por la substancia de estas palabras, me he visto obligado a decir la mía.
Convendrás con un servidor que la decepción es un estado de ánimo subjetivo sobre el que todos tenemos dificultades en comentar; es más, no creo que sea relevante hacer comentario alguno sobre el hecho de decepcionarse por tal o cual cuestión. Y como la “cuestión nuclear” es otro asunto, paso a discutir y a intentar razonar mi profundo desacuerdo con tus argumentos. Pero, me vas a permitir que haga una brevísima incursión en algunas polémicas que tuvieron gente importante hace ya no se cuantos años.
Dos grandes leones del comunismo (Palmiro Togliatti y Maurice Thorez) tuvieron un buen fregado a principio de los años 30. Cada vez que la policía francesa disolvía una manifestación obrera, Thorez escribía: “C’est le fascisme”. El león italiano, que no dejaba pasar una, le contestaba: “Querido Maurice, no. Eso es lucha de clases. Fascismo es lo que tengo yo en mi país”. Naturalmente, la polémica no era terminológica sino de conceptos teórico-políticos. Cierto, el metalúrgico que llegaba a casa con la cabeza hecha mistos por los efectos de las porras de la garde republicaine no estaba para semejantes sutilezas. Pero --aunque la porra de un guardia, porra sea y la sangre derramada, sangre sea-- sabes perfectamente que una cosa es el fascismo y otra es la democracia republicana, con o sin porra. O lo que es lo mismo, Thorez no leía la situación política de manera adecuada. No hace falta decir que un dirigente de talla debe ser más cuidadoso en sus análisis, al menos de las cosas importantes. Así pues, también a un importante dirigente sindical le es obligado pensar con detenimiento (y decepcionado o no) saber en qué “estado de la situación” se encuentran los asuntos públicos.
¿Es Montilla un exponente del “aparatismo peronista”? Seguiré pensando en ello, pues tu capacidad intelectual no es despreciable, máxime cuando has acuñado un constructo nuevo: aparatismo peronista. Sabemos qué es el aparatismo y de qué manera este se instala en los lugares más insospechados; de igual manera, conocemos qué se entiende por peronismo. Pero aparatismo peronista no lo había sentido nunca. Así es que, por inquietud intelectual, continuaré dándole vueltas a la cabeza. Pero, mientras tanto, sigamos con lo que es más estridente: el peronismo.
¿Tú crees que Montilla es peronista? De sobra conoces (o deberías conocer) qué se entiende por peronista. Ni siquiera en los aspectos más nimios me parece que lo sea: el argentino era un orador facundo con una fuerte relación sentimental con la masa trabajadora; del candidato socialista se puede decir lo que se quiera, pero hasta donde yo (poco) le conozco no me parece que electrice a nadie desde el arengario, ni que tenga una relación sentimental con las masas. Al argentino le sobraba caudal verborréico, al de Cornellà (dicen) hay que sacarle la voz y la palabra con sacacorchos. Naturalmente, esto es irrelevante. Porque es posible que haya peronistas avaros de palabra. Lo relevante viene ahora.
Juan Domingo Perón estableció una alianza de intereses con la dirección de los sindicatos argentinos de naturaleza corporativista. Una alianza que implicó a importantes líderes que se habían pasado media vida organizando barricadas, todo hay que decirlo. La alianza corporativa estaba fundada en que la clase obrera tendría derecho a una lata de sardinas a cambio de que los líderes sindicales (y los jerarcas peronistas) se zamparan sus buenos trozos de jabugo regado con los buenos vinos de por allá.
Sé de buena tinta que Montilla no ha hecho eso. Seguramente porque no piensa de esa manera y, es más, vosotros tampoco lo permitiríais... Compañero MGBiel ¿dónde está el peronismo de José Montilla? Debo pensar, pues, que los actuales calores que tenéis en Barcelona se suben a la cabeza.
Por otra parte, tu biografía (eres uno de los sindicalistas más veteranos y clarividentes) muestra que llegaste a conocer el triángulo de la “familia, el municipio y el sindicato”. ¿Existe algo que vincule a Montilla con aquella situación? ¿Le estás llamando fascista? No te olvides que esa tríada era la argamasa del Fuero de los Españoles... Y no te olvides de algo que nos enseña la lógica formal: cuando se exponen unos determinados conceptos, de ellos se sacan sus consecuencias. De momento me estoy desenvolviendo en los terrenos teóricos. Y yendo por lo derecho, en la vereda de la práctica, ¿qué conexiones tiene Montilla con la tríada? ¿Acaso existe en la vida democrática española y catalana una argamasa formada por la familia, el municipio y el sindicato? A decir verdad en nuestro país existen familias, municipios y sindicatos. Pero, decepcionados o no de algunos viejos compañeros, hay que convenir que esto es, por fortuna, otra cosa. O, por mejor decir, la república francesa no era fascista, aunque los CRS atizaran de lo lindo a los obreros de la Renault; era lo que el león togliattiano decía: “lutte de classes”.
Establezcamos ahora la siguiente hipótesis: Montilla acaba siendo presidente de la Generalitat. Y supongamos esta hipótesis: el gobierno que forma es de coalición de izquierdas: ¿es espúreo ese gobierno? Porque, en tu opinión, Montilla es peronista. Repito: la lógica formal tiene sus cánones para el buen uso del pensamiento.
En dicha situación (gobierno de Montilla) parece lógico que el sindicato se confrontaría abruptamente contra esa hipótesis y, tras su posible configuración, lucharía contra esa realidad. Afortunadamente, los calores en otoño habrán remitido y los análisis serán más fríos. Y, salga lo que salga, habrá que negociar... No me imagino una delegación del sindicato, formando parte tú de ella, le dé las buenas tardes a un peronista y a un fascista. Lo más probable es que Montilla dijera: “Hola, Manel; exageraciones aparte, ¿por donde empezamos la negociación?”. Tu mesurada respuesta podría ser: “Por los problemas del empleo y de la calidad del trabajo, de entrada”. Y es que con quien negocies hay que tener un cierto cuidado; mejor dicho, afirmar con tino los conceptos. Te lo dije en cierta ocasión cuando negociábamos con el Señor Trebillonesdepesetas: la cabeza, fría.
Te acordarás que teníamos la sartén por el mango con nuestro interdicto, y a pesar de ello aparentamos una negociación.
En resumidas cuentas, es necesario razonar con punto de vista fundamentado. Bastantes ejemplos hay en la historia de las izquierdas para quedar bien escarmentados. Por ejemplo, cuando recientemente un dirigente político catalán afirmó que la Constitución europea era un conglomerado de planteamientos neoliberales; de ahí deduje que estaba llamándonos a los sindicalistas neoliberales. ¿Te acuerdas cuando le afeé públicamente esa conducta en cierta efemérides de nuestra casa?
Manel, entre la desfiguración de Montilla (o de cualquier otro) y su glorificación hay un término medio. Lo digo porque, como ves, ante la desmesura de tus palabras no he tomado el camino acostumbrado de ponerlo en los cuernos de la Luna. Yo le apoyo sólo y solamente por las razones que expongo en mi artículo. Y tal vez te interese un precedente: el maestro Eric Hobsbawm ha dejado escrito con todo desparpajo que, siendo un notorio comunista, ha votado repetidas veces al Labour Party. ¿Le llamaremos el renegado Hobsbawm?
Tomo carrerilla para poner punto final. De un análisis erróneo de la situación se llegan a unas conclusiones prácticas disparatadas. Si la cosa se queda en retórica lo peor que pasa es que el prestigio intelectual queda por los suelos. Pero si se interviene en las cosas de comer, se lleva al personal a una situación poco recomendable. Manel, repasa la polémica de los dos leones. Thorez y Togliatti, en estas ocasiones, deben ser revisitados. No saldrás decepcionado. Palabra.
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(1) mgbiel dijo:
Lamento tu decisión que realmente me ha producido una profunda decepción, después de los muchos años que te conozco. Puedo estar de acuerdo contigo en la necesidad de vencer al nacionalismo ramplón, pero eso no debe llevarnos a poner como alternativa a quien ejemplifica uno de los máximos representantes de lo que podríamos denominar aparatismo peronista. Parece mentira que tu que siempre has defendido la autonomía sindical, avales a quien representa el tipo de partido-sindicato-municipio. Ahora bien después de tu defensa de las nucleares cualquiera sabe. Supongo que a veces la edad y apartarse del debate colectivo lleva a eso. Recuerdos fraternales, pero lo lamento de corazón.
9:10 AM